sábado, 21 de septiembre de 2013

Tú y yo no deberíamos estar juntos

Me has pateado cuatro veces.
La primera vez llevábamos 6 meses de relación y a los dos días te pusiste a pololiar con tu mejor amiga, por quien decías no sentir nada.
Luego hubo un terremoto y me llamaste cuando te dije que no me buscaras, y me dijiste que me querías y te creí y dejaste a tu novia y volvimos.
La segunda vez me dijiste que no te sentías feliz.... ese mismo día te vi bailando muy feliz con tu nueva mejor  amiga, a 10 metros de mí.
Pero me echabas de menos y a la semana me pediste volver.
La tercera vez fue un mes después de eso, dijiste que realmente esto no funcionaba y me sentí utilizada.
No obstante volviste una vez más, y yo una vez más te creí cuando me abrazaste en la escalera mecánica y me dijiste: no dejes que haga más embarradas.
La cuarta vez fue en Marzo de este año... volvías de un carrete al que no me invitaste y ni siquiera a la cara me dijiste que ya no eras feliz en general y yo no te hacía sentir mejor. Una vez más te pedí que no me volvieras a contactar, porque sabes que si me pides algo, te diré que sí, que si te equivocas, te perdonaré... 
Sin embargo no lo respetaste y me escribiste una gran carta de amor y arrepentimiento, señalando que no estabas apto emocionalmente para volver de inmediato conmigo, pero querías hacerlo. Y yo te di tiempo, hablábamos siempre, íbamos a conciertos, hasta me propusiste ir a vivir juntos en un tiempo más.
Finalmente un día, y a regañadientes, me contaste que llevabas 6 meses con tu nueva mejor amiga.... y te odié tanto, pero tanto, porque era mi peor pesadilla, la indecencia más cruenta... me sentía imbécil, ilusa, y mi pecho se rompió por quinta vez.
Te dije de todo, te recriminé tanto y te eché, y te rogué, tú sabes que lo hice, que no te acercaras más... pero vuelves al día siguiente, ¿y qué puedo hacer yo sino abrir la puerta?

martes, 17 de septiembre de 2013

En el Castillo

No había trabajado antes formalmente, salvo pequeños "pitutos".
Y si bien es la labor perfecta, el área en el que quería trabajar, es inevitable sentirme perdida, confundida, ansiosa.
Todavía no me hacen firmar el contrato ("es que el contador es externo y viene el lunes") ni tengo escritorio propio ("es que estamos reestructurando"), ni celular de la pega ("puede que la próxima semana") ni estuche para los lápices ("te voy a buscar un estuche"), entre otras cosas...
Y he leído tanto a Sherlock Holmes últimamente, que me acuerdo de casos como el de la institutriz que debió raparse para hacerla pasar por la hija enferma o el trabajador de banco que contrataron para que revisara la guía de mercaderes en tanto los criminales robaban la caja fuerte.
Por último, me acuerdo de El castillo de Kafka y todo ese ambiente claustrofóbico de no saber para quién trabajas ni cuál es tu labor. Ojalá pudiese adelantar el tiempo y despertar acostumbrada a la rutina del trabajo asalariado, no sentir que en cualquier momento despertaré y descubriré que todo fue una broma o que solo era un trabajo a prueba... y que reprobé.
No es que sea floja, al contrario, sino que no pensé en insertarme de esta manera en la maquinaria... pero tampoco hay un modo menos traumático de hacerlo.
Quizás debería solo respirar profundo y esperar la infinita paciencia del empleador que pese a la ineptitud del trabajador, lo mantiene porque le da flojera buscar nueva fuerza bruta.
(No agarré mi bicicleta y me iré a la costa, me falta ese componente hípster-ABCdin...)